11. Tres meses que parecen tres años

El próximo 28 de este mes se cumplen tres meses que mi vida me llevó a un país llamado Cabo Verde. Lo primero es decir que he encontrado todo lo que venía buscando, bueno, diremos “casi”, para no parecer pretencioso.

Ya lo he escrito en alguna otra ocasión pero gracias a Djuly, la dueña del Gira Lua, junto a su marido Pedro, la adaptación ha sido mas rápida de lo que podría haber sido en caso de haber realizado en viaje en solitario y a lo desconocido. Gracias a ellos, cuando llegué parecía que ya tenía bastante camino andado y no venía a una aventura desconocida.

Los quince días que estuve alojado en su casa rural o “pensión” —como se dice en criollo— fueron un cursillo acelerado. Conocí el modo de vida, costumbres, gente, palabras… que hicieron mucho más fácil el convivir con la gente de Fogo en general y Mosteiros en particular.

Al principio la gente pensaba que era un turista mas que venía a pasar sus vacaciones en esta isla. A medida que pasaban los días y la gente se iba enterando que me quedaba a vivir con ellos el trato se volvió mucho más amable y aumentaron sus ganas de ayudarme.

Tengo que decir que en estos momentos soy un “sin papeles” más de los que habitan este planeta. Es más, creo que incluso no existo para el Gobierno Caboverdiano pues el día que llegué no funcionaba la máquina de hacer los visados y lo único que tengo es el recibo de haberlo pagado. En mi pasaporte no figura ningún tipo se sello o registro.

La situación de estar “fuera de la ley” no me ha incomodado, pues me siento como en casa. Toda la gente me saluda, me ayuda, creo que ya me consideran uno más. Entre ellos, incluyo a la policía. Super amables y que no dudan en informarte. Seguro que ellos son conscientes de que mi visado ha tenido que caducar pero no te preguntan ni por asomo.

Al principio, les costaba entender cómo un español se venía a esta isla a quedarse a vivir. Algunos no se tomaron en serio que fuera a quedarme y aguantar viniendo de un país europeo, pero cuando vieron que los días pasaban, que había alquilado una casa, que compraba en sus Lojas, en su mercado… me acogieron como uno más. Un caso especial fue el funcionario de correos, que pasó de ignorarme a preocuparse de un paquete que estaba esperando con material para el Jardim de Infancia. Pasó de no saludar cuando nos encontrábamos en el bar de Dina, lugar donde con frecuencia comíamos los dos, a buscarme (vivo al lado de la oficina de correos), para informarme de la situación del envío.

Ya tengo una serie de “amigos” nativos que me han ayudado en algún momento. Está Patriki, un muchacho de 18 años que trabaja en el Gira Lua de chico para todos y que me ha ayudado mucho a buscar todas las cosas que he ido necesitando para la casa. Ha sido mi brazo derecho a la hora de hacer compras y mi ayudante para hacer los muebles de palets. Hemos ido juntos de compras, hemos cogido la Hiace para ir a San Felipe a comprar lo que no teníamos en Mosteiros. Ha sido mi boca en todo momento. Creo que ya sabe más español que yo criollo. Ha aguantado el sol y el calor de la terraza a la hora de hacer y pintar los muebles. Había días de calor insoportable hasta para él y entonces nos bajábamos a casa.

Patriki
Patriki

Otro amigo es Edy, el taxista para todo. Djuly le da todo el trabajo que le sale con los turistas, por lo que nos hace un precio especial en los servicios que nos hace a nosotros. Su jefe Kaká le dijo que yo ya era uno más de la familia y, por tanto, que me aplicara los precios que le aplica a Djuly. Los servicios dentro de la ciudad, que son 100 escv (menos de un euro), se los pago tal como son porque me parece ridículo pagar menos. Tiene una paciencia a prueba de bomba, sobre todo, cuando vamos con Djuly, que le tiene que poner la música adecuada, dar las vueltas necesarias y esperar hasta que hacemos las compras.

Edy
Edy

Narinha fue la primera persona con la que empecé a hablar y a hacernos entender. Me enseñó las primeras palabras en criollo, me explicaba los platos, me recomendaba qué comer… y todo con una amabilidad meridiana y una sonrisa que luego descubrí que es algo que todos los caboverdianos llevan en sus genes. Ella trabaja en el Bar de Dina y, después de cubrir su horario de 12 horas, tiene fuerzas para cocinar para un bar que tienen junto con su marido y, por supuesto, llevar la familia adelante.

Narinha
Narinha

El último colega, porque este ya tiene esa calificación, es Socorro, mi carpintero. Hemos creado una relación muy especial, a pesar de que no nos entendemos nada, pues habla un criollo cerrado y nada de portugués. A base de gestos y dibujos, logramos entendernos. Honrado a la hora de aconsejarme las maderas que debo usar, pues la madera es cara, muy buena, pero cara. Toda es importada de los bosques africanos. Ahora estamos peleando para que me haga un sofá. Ya me ha ajustado el precio y, en principio, empieza a primeros de mes. Espero que cumpla, le he tenido que dar un ultimátum y eso que es de los “cumplidores”.

Hay algunos más, como por ejemplo Orlando. Es el encargado de la Loja donde compro el pan y lo más imprescindible por que es el más caro del barrio; lo que pasa que lo tengo al lado de casa y es de los pocos que venden pan y tiene un horario ininterrumpido de 12 horas. En los tres meses que llevo comprándole no creo que me haya dirigido mas de 10 palabras de las que 8 son “nao pau” ( no hay pan).

No quiero daros más la paliza, algún personaje más tengo por ahí pero no quiero cansaros más. Me gustaría poneros más fotos pero me da un poco de vergüenza pedirles fotos.

Plural: 3 Comentarios Añadir valoración

  1. Muzungu dice:

    Esto se va poniendo interesante!

    Adelante tovarich!

  2. Mar dice:

    Me alegra mucho que estés como en casa . Me ha encantado esta entrada , hablas con mucho cariño de ese lugar y sus gentes .. sin duda encontraste tu rincón .
    ¡Saluda «a tu gente» de mi parte !
    Un abrazo

  3. Paz Cirujano Pita dice:

    Te agradezco compartas tus vivencias.
    Un placer enorme Rafa, imagino que estoy por esas tierras.

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