7. Los problemas

De todo lo que os he escrito parece que me he venido a vivir a un sitio idílico, que aunque algo de eso tiene, no todo es así, también tiene sus problemas.

Obviando el problema del idioma, que sólo se puede aprender hablando con los nativos. A base de un poco de castellano hablado lento, de otro poco de portugués y del poco criollo que ya he aprendido y todo acompañado de gestos ya me puedo entender con ellos en gran medida. El criollo, como dialecto, cada uno lo habla un poco a su manera y con el acento que quiere. Hay a quien medio entiendes si habla despacio y a otros no hay manera. Con los que tengo contacto ya saben más castellano que yo criollo.

El primer problema que te encuentras, nada más bajar del avión, es el calor. Dando por hecho que con el tiempo que llevo aquí ya he superado el tema de la humedad y he dejado de estar permanentemente empapado de sudor, el tema del calor sigue siendo un problema pues, aunque no superamos los 33 grados, la impresión térmica es mucho mayor, pues este sol caribeño «cae a plomo». Cada día, cuando me levanto, miro al cielo, a ver si está cubierto, lo cual supone un alivio. Si bien eso cambia con mucha rapidez y, a lo largo del día, el cielo puede estar cubierto o despejado. Cuando esto ocurre, procuro salir de casa lo menos posible y mantenerla cerradita, como en Andalucía y como hacían nuestras abuelas y madres. El resto es ventilador y duchas de agua fría. Todavía no he pagado ningún recibo de la luz y, aunque es barata, el tener todo el día y noche el ventilador puesto me tiene un poco sobre aviso. Cada vez que salgo, además del móvil y la cartera es imprescindible el gorro y la crema solar.

Lo único bueno del calor es que te ahorras el termo del agua caliente. Tienes calefacción central para el agua.

Casi todas las casas se alquilan sin muebles, pues son casas que han construido los emigrantes y las alquilan para no tenerlas cerradas y se les deterioren. Tú te dices «No hay problemas, las amueblo poco a poco. No pasa nada». Pero, ¡sorpresa!, no hay tiendas de muebles. Todos los muebles se hacen en la gran cantidad de carpinteros —ebanistas, más bien—, que existen por toda la isla. Pues vale, vamos a ello. Me han presentado a varios y les explicas que no tienes ni donde sentarte y que, por lo menos, si lo más indispensable te lo pueden hacer rápido. No encuentras una respuesta clara de ninguno:»tengo que comprar madera», «dame medidas y veo»….. Tú esperas y, como no encuentras una solución, preguntas y te das con la cruda realidad: Los trabajos se hacen por riguroso orden de pedido y los pedidos son grandes, pues tiene que hacer muebles para todo el pueblo. Incluso, no te dan ni presupuesto, pues depende del tipo y la cantidad de madera. No se sientan a echarte números porque no te toca.

Ante este problema, buscas la solución más rápida y barata: muebles de palets. Aquí comienza el segundo «calvario», pues las tiendas más grandes de Mosteiros los revenden en San Felipe. De todas formas, dejas aviso de que quieres palets y que si hacen el favor de guardarte. Al cabo del tiempo, puedes reunir algunos, aunque cada uno de su padre y de su madre y en un estado «más o menos», como dicen los caboverdianos.

Decides marchar a San Felipe, pensando que hay tiendas más grandes y tienes más posibilidades de encontrar. Eso es así, pero también son de su padre y de su madre. Al menos, me descuentan algo de los que están deteriorados. Ajustas la cantidad y el precio y a buscar un «galucho» (pick up) para llevarlos a Mosteiros. Todo esto lo puedo hacer gracias a mi amigo Patriki, que hace de interlocutor con los vendedores y transportistas.

He conseguido hacerme una mesa auxiliar, una cama, un mueble para la tele y una mesa de centro. Sólo faltaba dónde sentarme, pero ese es otro capítulo.

Escritorio

 

Cama

Cama

Mueble para la tele

Mesa de palet

Contacto con un carpintero que sólo su nombre es una premonición: «Socorro». Le hablo de mi problema y que todos me dan largas. Consigo convencerle para que me haga un armario sin puertas, que sólo es cortar las maderas. Accede, pues es un trabajo rápido y de cobro instantáneo. En el mismo día, me avisa que ya lo tiene. Quedo con él para el día siguiente, a la vez que le convenzo de que, por un poco más de dinero, me lo monte él. Al día siguiente, ¡Dios mío! Cumple y aparece por la tarde y todo queda montado. No me lo puedo creer. Sólo dos días para tener un armario, aunque sin puertas.

Armario

Le comento que no tengo dónde sentarme y me urge, pues tengo dos bloques como silla. Eso ya no cuela, pero me ofrece una silla de oficina que tiene en casa y que me la presta mientras él termina los trabajos que tiene pendiente. Acepto y me pongo a la cola.

Encontrar profesionales para trabajos caseros es complicado. Existe una profesión hasta ahora desconocida para mí (aunque no la denominación). La primera vez que escuché la palabra «pedrero» para arreglar cosas de la casa me quedé muy extrañado. Resulta que, en Cabo Verde, esta denominación encuadra a una persona que domina todas las artes de la construcción. Hace desde aparejador y encofrador hasta albañil, fontanero y electricista. ¿Cuál es el problema? Muy sencillo: el dinero de los emigrantes fluye a su tierra a fin de construirse grandes mansiones que manifiesten lo bien que les va fuera. Por ello, la construcción está floreciente y al «pedrero» no le falta trabajo. No desciende a arreglarte un grifo o hacerte un apaño con la luz. Te encuentras con el mismo problema que con los carpinteros: buenas palabras, pero poco compromiso de hacerte el apaño.

Tienes que recurrir a los profesionales que trabajan en las empresas que se dedican al mantenimiento de la luz y el agua para la población. Esto te lleva también a esperar que tenga libre en su trabajo. En resumen, paciencia y tranquilidad. No estrés. Casi un mes he esperado a que me arreglen un grifo y un atranque en una tubería. Eso sí, el precio me dejó sorprendido: 500 escv, esto es, menos de cinco euros. Enseguida, pensé lo que cuesta en España solamente la salida de un profesional. Aunque este ejercicio de comparación estoy intentando no hacerlo, es evidente que te llama la atención. Digo que estoy tratando de olvidar los precios de España porque vivo en Cabo Verde y no allí.

Todo esto se resume: paciencia, calma en la espera y un poco de suerte para que te toque pronto. Dicho más castizo: «¡agua, ajo y resignación!», como diría mi padre.

Otro de los problemas son los mosquitos. Yo ya me preparé. Me compré mi repelente, mi lápiz para después de las picaduras, pero me encuentro que no hay mosquitos. Todos los preparativos, para nada. Confiado de mí. En cuanto empieza el periodo de lluvias aparecen y, curiosamente, los pequeños y peludos mosquitos sólo atacan a los tobillos. Ni los ves, ni los oyes, pero los picotazos sí los sientes. No se enteran de tu repelente y tú venga a gastar el lápiz para después de las picaduras. En Mosteiros, como en todas las partes del mundo, existen tiendas de chinos y ellos tienen un remedio eficaz: unas espirales que se queman poco a poco. Dejan de existir los pequeños y peludos mosquitos. A esperar a que pase el periodo de lluvias.

Seguro que algún problema más iré teniendo, así que: ¡en guardia, camarada!

Plural: 5 Comentarios Añadir valoración

  1. Muzungu dice:

    ¡Adelante, camarada!

  2. p dice:

    Y la emoción de no saber nunca cuando ni como lo terminarás!!! Como tiempo no te falta aprovecha de lo nuevo que te ofrece la vida. No hay silla… ya llegará y la disfrutarás el doble. Animo que todo llega. Son los muebles más bonitos que he visto y el diseño .
    Que orden de armario me has dejado pequeña hermano así se hace. Lo de los mosquitos peludos y con lo que nos pican a nosotros por lo dulce que somos….
    Me encantan tus escritos aunque los tengas que escribir en condiciones no muy cómodo. Besos y besos

  3. Lola H. Vozmediano dice:

    Sigue escribiendo. Me gusta lo q ie cuentas y cómo lo cuentas. Los Marín teneis un gen de artistas. Un abrazo. Loli

  4. paz cirujano dice:

    Como no participo en redes sociales, me he enterado un poco tarde de estas «Experiencias en Cabo Verde», pero ¡ya estoy aquí!
    he leído de un tirón desde el principio y me he puesto al día.
    Los muebles los he ido conociendo por las fotos que nos has mandado y te están quedando muy bien: sencillos y alegres. Vivir con los imprescindible…e incluso, desde nuestro punto de vista acostumbrados a tantos «trastos», incluso con menos… toda una experiencia que tiene mucha miga.
    Parece que la riqueza de Fogo reside en sus gentes amables y tranquilas y en la naturaleza, a pesar del calor y los mosquitos.
    ¡Espero tus nuevas entradas!

  5. Mar dice:

    ¡Me encantan los colores de tus días y ahora de tu casa !, yo creo que todas las dificultades que vas encontrando aparecen para que conozcas mejor esas gentes y disfrutes de cada día entretenido y buscando alternativas a todo .
    Un abrazo

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