19. La dificultad del límite

Antes de ir al meollo de la cuestión voy a poner una premisas que explican un poco lo que voy a contar después.

El día 25 de este mes (noviembre) se han cumplido cinco meses de estancia en este país que me ha acogido sin ningún tipo de reservas. Creo que he sido aceptado plenamente con todo lo que esto conlleva. También creo que yo me encuentro completamente integrado en este país con sus usos, costumbres, ventajas y carencias (omito deliberadamente la palabra desventajas).

A medida que vas integrándote en la vida de la gente, que hablas con las personas que más te relacionas… vas viendo las necesidades que tienen. Cabo Verde engaña a primera vista. Cuando llegas por primera vez compruebas que es más moderno y desarrollado del cliché que te haces en la distancia. Ves aeropuerto en casi todas las Islas, ves un turismo incipiente pero que va subiendo fuertemente, con todo lo que ello lleva, te sorprenden unas casas que, en muchos casos, están fuera de los parámetros (casonas diría yo), ves que fluye un comercio bastante pujante, ves un sistema político de partidos consolidado, una sanidad bastante desarrollada, igual que el sistema educativo. En definitiva, ves que los años de colonización de Portugal en este país han dejado un halo de modernidad respecto a lo que ves en documentales, noticias y demás de otros países africanos. Me imagino que, como toda colonización, también tuvo sus puntos negros.

Pero, a medida que vas integrándote, también compruebas que mucho de lo descrito antes, tiene algo de fachada. Ves que muchas de esas cosas no revierten del todo en la población, que el pueblo caboverdiano tiene muchas carencias y que se aprovecha poco de esa pujanza del turismo, que la ayuda internacional muchas veces es poco práctica —que no quiere decir que sea inútil—, que mucho del desarrollo proviene de los envíos que hacen los emigrantes (la mitad de la población caboverdianos está en la diáspora), que muchas de las grandes casas construidas son de emigrantes que ni viven en ellas, que son un símbolo de lo bien que les va en el extranjero. La ayuda extranjera, muchas veces, es institucional y no llega. En definitiva, que los nativos siguen sufriendo las carencias del país. Que tienen grandes necesidades provocadas, principalmente, por los bajos salarios. El salario base creo que está alrededor de los 120-150 euros pero que difícilmente se cobran, incluso en la Administración. Trabajo hay poco y precario.

Todo lo dicho anteriormente te lleva al deseo de ayudar en la medida de tus posibilidades. Además, igual que tú tienes “clichés” sobre ellos, difícilmente te puedes quitar los que ellos tienen sobre ti. Un cliché que llevas grabado en la frente es el de «extranjero igual a rico», cliché que se agranda cuando decides echar una mano y ayudar. Ellos, lógicamente, no conocen tu límite y tú, en muchas ocasiones, no sabes si debes hacer ciertas ayudas.

Todos sabéis que estoy integrado en un grupo formado por Djuly, su marido Pedro, algún amigo de España y varios familiares, constituido para ayudar al jardín de infancia de un barrio de Mosteiros. Es un jardín de infancia de los más pobres (dicho por las monitoras que han llegado nuevas este año). Se ha saneado, llevado el agua, pintado, aportado material escolar… y ayudamos a los niños que no pueden pagar la cuota anual para poder asistir al Jardín y mejoramos la alimentación de los niños.

Jardim de Infancia

Además de esto, que es lo más visible, a título personal trato de ayudar a la gente que me voy encontrando y compruebo que tienen necesidades. Tengo un conjunto de personas fijas a los que les echo una pequeña mano… pero ¿cuál es el límite? Una moneda, un poco de comida, ayudar a pagar algo…

Ahora entra en función el título del post. Empiezas por ayudas puntuales, que es lo que te permite una ajustada pensión, a la vez que te entra un “mal rollo” por no poder ayudar más, por no saber todavía donde poner la línea roja para que no se aproveche quien no lo necesita, por no saber hasta dónde llegar, pues quieran que cubras “todas” las necesidades, por intentar que una ayuda puntual no se convierta en crónica. Y eso que, en el fondo, no me preocupa que alguien se aproveche de la ayuda sin tener necesidad.

También se da la circunstancia de que cuando se enteran de que estás ayudando a unos, quieren que ayudes a otros. Te enteras de que alguien está pasando hambre. ¿Qué haces para que tu ayuda no discrimine, y más cuando no puedes llegar a todos?
Se me junta que soy muy blando y no sé decir NO, no quiero que se convierta en una obligación para cuando no pueda ayudar, que no se convierta en un “abuso y obligación”. Tampoco quiero parecer el “blanco todopoderoso” que soluciona los problemas, pues ni lo soy, ni puedo.

Qué difícil es saber cuándo sí y cuándo no. ¿Dónde está el límite, a parte del que te imponen tus propios ingresos? ¿Cómo les convences de que no «eres rico»?

Una cosa sí quiero recalcar y es que, la gran mayoría, son respetuosos tanto a la hora de pedir como con la respuesta que reciben.

P. D. Se aceptan consejos y ayudas. Gracias por anticipado.

Un comentario Añadir valoración

  1. Mar dice:

    Una vez más te entiendo perfectamente …. lo he vivido .. te contaré ……
    Un fuerte abrazo

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